ESTANCIAS
Martín Heidegger

Valencia, Pre-Textos, 2008
ISBN: 978-84-8191-851-9
74 págs.
Estado del ejemplar: sin uso, excelente

El primer viaje de Martin Heidegger a Grecia –un regalo de su mujer– necesitó muchos años de preparación. Grande fue el temor que –con mayor fuerza de la que hubieran conseguido circunstancias externas– una y otra vez demoró la partida.

“Pero el regalo llegó a consumarse.” En la primavera del año 1962 se superó el umbral del sueño, se emprendió el viaje, que condujo en barco desde Venecia hasta el Peloponeso, a Creta y Rodas; después, a través del Egeo –con Delos como centro–, a Atenas, Egina y Delfos, y de vuelta a Venecia.

Al principio, no enmudecían las mortificantes dudas sobre “si sería concedida siquiera una experiencia de lo griego inicial”. Tampoco en Olimpia. “Lo griego quedó a la espera".

Pero, después, “la isla de las islas” deparó el cumplimiento. “Debido a la experiencia de Delos el viaje a Grecia se convirtió por primera vez en estancia, en permanencia clarificada en aquello que es la ’Al¸uheia.”

A su luz continúa el viaje. En adelante, el pensamiento permanece siempre en la cuestión –referida tanto a las experiencias de Grecia como al mundo de hoy– de si, y cómo, puede negarse o concederse “estancia”.

El viaje de vuelta por el Adriático “se convirtió, todo él, en una acción de gracias por el regalo de la estancia y del atisbo de su ámbito”.

Heidegger, Martín - ESTANCIAS
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ESTANCIAS
Martín Heidegger

Valencia, Pre-Textos, 2008
ISBN: 978-84-8191-851-9
74 págs.
Estado del ejemplar: sin uso, excelente

El primer viaje de Martin Heidegger a Grecia –un regalo de su mujer– necesitó muchos años de preparación. Grande fue el temor que –con mayor fuerza de la que hubieran conseguido circunstancias externas– una y otra vez demoró la partida.

“Pero el regalo llegó a consumarse.” En la primavera del año 1962 se superó el umbral del sueño, se emprendió el viaje, que condujo en barco desde Venecia hasta el Peloponeso, a Creta y Rodas; después, a través del Egeo –con Delos como centro–, a Atenas, Egina y Delfos, y de vuelta a Venecia.

Al principio, no enmudecían las mortificantes dudas sobre “si sería concedida siquiera una experiencia de lo griego inicial”. Tampoco en Olimpia. “Lo griego quedó a la espera".

Pero, después, “la isla de las islas” deparó el cumplimiento. “Debido a la experiencia de Delos el viaje a Grecia se convirtió por primera vez en estancia, en permanencia clarificada en aquello que es la ’Al¸uheia.”

A su luz continúa el viaje. En adelante, el pensamiento permanece siempre en la cuestión –referida tanto a las experiencias de Grecia como al mundo de hoy– de si, y cómo, puede negarse o concederse “estancia”.

El viaje de vuelta por el Adriático “se convirtió, todo él, en una acción de gracias por el regalo de la estancia y del atisbo de su ámbito”.