MADAME EDWARDA
Georges Bataille
Introducción y traducción de Salvador Elizondo

México, Los brazos de Lucas, 1981
ISBN 9684340451
72 págs.
Estado del ejemplar: bueno, usado, ligeramente amarillento

Cuando en Madame Edwarda el personaje se percata de que en su delirio la prostituta que ha encontrado en un burdel no es sino Dios, llega a lo que Salvador Elizondo especifica en su prólogo al decir que "Bataille investigó concienzudamente el trasfondo filosófico del erotismo y fue quien primero lo analizó como categoría diferencial del hombre". Al decir Nietzsche que Dios ha muerto, no quiere decir, como lo entiende la mayoría de los lectores de Nietzsche, que se "haya muerto", sino que su noción deja de existir ante un retorno inminente a los valores que regían el discruso presocrático. Para Nietzsche, con Platón muere la filosofía y desde que éste aparece en su ámbito no se ha hecho sino retroceder. De esta forma el pensador alemán da vuelco a los valores establecidos por la filosofía occidental a la vez que descubre esa ausencia de centro del mundo ante la cual solo la voluntad del espíritu se yergue como valor. Bataille trastoca esto: Dios ha muerto, sí, pero "Dios es una puta", es Madame Edwarda, la noción de un dios siempre presente en el acto de transgredir y llegar a una concepción más alta de la moral y los preceptos que sostienen su edificio como ideología. La muerte y el erotismo en el conjunto de su pensamiento, late, una y otra vez en todas y cada una de las líneas de Madame Edwarda. Bataille es de esta forma ¿un místico ateo?, ¿un loco, un bufón? ¿Acaso un iluminado? Es todos y uno a la vez, es aquello que como él mismo dice en La experiencia interior, no puede ser expresado pues "al intentar transformarlo en cualquier código linguístico, se la haría menos: es inexpresable"

Bataille, Georges - MADAME EDWARDA
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MADAME EDWARDA
Georges Bataille
Introducción y traducción de Salvador Elizondo

México, Los brazos de Lucas, 1981
ISBN 9684340451
72 págs.
Estado del ejemplar: bueno, usado, ligeramente amarillento

Cuando en Madame Edwarda el personaje se percata de que en su delirio la prostituta que ha encontrado en un burdel no es sino Dios, llega a lo que Salvador Elizondo especifica en su prólogo al decir que "Bataille investigó concienzudamente el trasfondo filosófico del erotismo y fue quien primero lo analizó como categoría diferencial del hombre". Al decir Nietzsche que Dios ha muerto, no quiere decir, como lo entiende la mayoría de los lectores de Nietzsche, que se "haya muerto", sino que su noción deja de existir ante un retorno inminente a los valores que regían el discruso presocrático. Para Nietzsche, con Platón muere la filosofía y desde que éste aparece en su ámbito no se ha hecho sino retroceder. De esta forma el pensador alemán da vuelco a los valores establecidos por la filosofía occidental a la vez que descubre esa ausencia de centro del mundo ante la cual solo la voluntad del espíritu se yergue como valor. Bataille trastoca esto: Dios ha muerto, sí, pero "Dios es una puta", es Madame Edwarda, la noción de un dios siempre presente en el acto de transgredir y llegar a una concepción más alta de la moral y los preceptos que sostienen su edificio como ideología. La muerte y el erotismo en el conjunto de su pensamiento, late, una y otra vez en todas y cada una de las líneas de Madame Edwarda. Bataille es de esta forma ¿un místico ateo?, ¿un loco, un bufón? ¿Acaso un iluminado? Es todos y uno a la vez, es aquello que como él mismo dice en La experiencia interior, no puede ser expresado pues "al intentar transformarlo en cualquier código linguístico, se la haría menos: es inexpresable"