CONTRA SAINTE-BEUVE
Marcel Proust

Buenos Aires, Losada,, 2011
ISBN 9789500398343;
296 págs.
Estado del ejemplar: sin uso, excelente

A fines del otoño de 1908, Marcel Proust regresa de Cabourg agotado. Hace tiempo que ha renunciado a su gran obra. Sin embargo, aprovechando un descanso que le deja su enfermedad, comienza un artículo para Le Fígaro: 'Contra Sainte-Beuve'. Seis meses después, el artículo se ha transformado en un ensayo de trescientas páginas. Conversando libremente con su madre, Jeanne Weil, Proust entrelaza en sus reflexiones sobre Charles-Augustin Sainte-Beuve -'el' crítico literario del siglo XIX francés- los recuerdos personales, los retratos de amigos, las impresiones de lectura. Aparece aquí el castillo de los Guermantes; aquí están, entre otros, el marqués de Quercy y madame de Cardaillac, grandes lectores de Balzac, parecidos hasta el punto de confundirse con el barón de Charlus y con Gilberte Swann... Sin saberlo, Proust acababa de liberar su genio. El no quería que se introdujeran ideas en una novela. Por ello, todos los minuciosos análisis que separó de "En busca del tiempo perdido" se los encontrará en este ensayo, confirmando que Proust, el mayor narrador de su siglo, podía ser también el mejor crítico.

Proust, Marcel - CONTRA SAINTE-BEUVE
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CONTRA SAINTE-BEUVE
Marcel Proust

Buenos Aires, Losada,, 2011
ISBN 9789500398343;
296 págs.
Estado del ejemplar: sin uso, excelente

A fines del otoño de 1908, Marcel Proust regresa de Cabourg agotado. Hace tiempo que ha renunciado a su gran obra. Sin embargo, aprovechando un descanso que le deja su enfermedad, comienza un artículo para Le Fígaro: 'Contra Sainte-Beuve'. Seis meses después, el artículo se ha transformado en un ensayo de trescientas páginas. Conversando libremente con su madre, Jeanne Weil, Proust entrelaza en sus reflexiones sobre Charles-Augustin Sainte-Beuve -'el' crítico literario del siglo XIX francés- los recuerdos personales, los retratos de amigos, las impresiones de lectura. Aparece aquí el castillo de los Guermantes; aquí están, entre otros, el marqués de Quercy y madame de Cardaillac, grandes lectores de Balzac, parecidos hasta el punto de confundirse con el barón de Charlus y con Gilberte Swann... Sin saberlo, Proust acababa de liberar su genio. El no quería que se introdujeran ideas en una novela. Por ello, todos los minuciosos análisis que separó de "En busca del tiempo perdido" se los encontrará en este ensayo, confirmando que Proust, el mayor narrador de su siglo, podía ser también el mejor crítico.